Siempre pensé que enamorarse de un artista y especialmente de un pintor, sería un acto de locura, pero también de mucho amor, pasión, entrega, lealtad, fidelidad, intensidad... porque se necesita amor puro para alimentar al arte y a nuestro espíritu.
Frida llega a la vida de Alejandro, no a través de los libros (como me sucedió a mí), sino como su propio descubrimiento del arte mexicano. Alejandro visita México por primera vez en diciembre de 2010.
