En el tiempo que radiqué en la Ciudad de México, viví justamente en Coyoacán, a unas cuantas calles de la casa de Frida, la que hoy es un museo y que lleva su mismo nombre. Para mí era cotidiano pasar cerca del Museo de Trotsky y el de Frida Kahlo. Todos los días veía sus nombres en los rótulos de la ciudad. De igual forma, viví a la vuelta de la Cineteca Nacional y del Instituto Mexicano de la Radio. Era normal ver pasar por ahí a algunos actores y cantantes. La ciudad de México, sin duda nutrió mi espíritu, sin yo si quiera sospecharlo...
A mis 15 años arribo a Nueva York, forzada por el destino, la crisis económica y la determinación de mi madre. Y durante estos tres años, me refugio leyendo y creando historias... historias que me trajeran de regreso a México.
