En septiembre de 2010, un siglo después del nacimiento de Frida Kahlo* también sucedió algo trascendente en mi vida, paradójicamente, luego de viajar durante más de 10 años a Nueva York, jamás me encontré con Alejandro Posada; el pintor que escribe poesía en sus pinturas.
Mis súplicas fueron escuchadas por el cielo azul y mi silencio fue interpretado por la música; la música que ambos escuchábamos en distintas coordenadas geográficas... Mientras yo trabajaba capturando noticias; él pintaba sus sueños y los míos también.
